La globalización configuró un nuevo paradigma internacional: la migración calificada. En las últimas décadas el cambio tecnológico, la innovación y la generación de conocimiento han desarrollado una movilidad laboral sin precedentes. En un reciente informe de la División de Población de las Naciones Unidas se expone el tema como asunto de enormes repercusiones tanto para los países desarrollados como para los que están vía de serlo, especialmente en los próximos cincuenta años. El informe plantea que entre 1995 y el 2050 la edad promedio de los trabajadores será entre los 15 y los 64 años lo que ha estimulado la migración de reemplazo, que es el desplazamiento de parejas jóvenes a países desarrollados escasamente poblados, y que surge como alternativa para mantener la población total en edad de trabajar.
Desde otro espectro, el del factor tecnológico, se sustenta el Brain Drain en la multiplicación de científicos y la demanda de estos, la National Science Foundation de los Estados Unidos calcula que entre 1998 y el 2008, el número de ocupaciones para ingenieros y científicos creció casi cuatro veces más que el promedio de todas las ocupaciones, lo que significa que las oportunidades en dichas ocupaciones creció en un 51 %, es decir 1,9 millones de empleos. Frente a la migración de talentos por las oportunidades en el área de tecnología y por la reducción del número de jóvenes en edad de ingresar al mercado de trabajo, también se desarrolla un factor económico y cultural configurado por el déficit de jóvenes que ingresan al mercado de trabajo en los sectores de la ciencia y la tecnología. La vocación hacia esas profesiones en países Europeos principalmente, no crece significativamente por las ventajas comparativas de otras especializaciones. En el caso de Estados Unidos el número amplio de estudiantes extranjeros ha sido la clave para lograr el equilibrio entre los distintos profesionales que demanda el mercado laboral.
Ahora, pese a que la migración de mano de obra calificada latinoamericana, ha sido un asunto que brilla por su ausencia en campañas políticas, foros regionales y proyectos de gobierno representa una perdida para todos los países de América Latina, en la medida en que los que migran podrían desarrollar proyectos de innovación y son los que tienen más posibilidades de salir adelante tanto en el país de origen como en el país de destino. Es cierto que la emigración genera bastantes efectos positivos sobre el mercado de trabajo, pero de igual modo produce problemas como la perdida de la inversión en educación superior y especializada, y el faltante de profesionales con altos estudios como la maestría y el doctorado. Los talentos, entonces migran a países desarrollados y retornan con capital para invertir en proyectos independientes y no regresan a ocupar su posición en el mercado laboral.
La tendencia de los latinoamericanos de migrar hacia Estados Unidos y Europa de la década de los noventa no solo sucedió por la globalización del empleo o el cambio tecnológico sino también por el collage de conflictos de toda índole en la región. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe de Naciones Unidas (CEPAL) determinó que de cada 1.000 científicos latinoamericanos en Estados Unidos, 191 son argentinos, lo que podría deberse no solo a la gran tasa de profesionales en el país austral sino también a la crisis económica del 2002. El Producto Interno Bruto de Argentina cayó en 4 años un 28 %, la inflación desde 1990 hasta el 2001 subió más de un 40 % y la tasa de pobreza paso del 25 % en 1998 al 58% en el 2002.
Por otro lado la violencia en Colombia y la inseguridad en Venezuela y Chile, originaron que las empresas multinacionales transfirieran a sus ejecutivos sudamericanos de las filiales a las matrices en países desarrollados. En Centroamérica la situación no fue distinta, décadas de guerras civiles y los rezagos de estas en el mundo moderno, sumados a los infructuosos intentos de crear una unión centroamericana competitiva en el mercado internacional, dieron pie a que miles de talentos, sobre todo panameños y costarricenses, se ubicaran en el sistema estadounidense y español. El caso de México es el más evidente, la proximidad geográfica con Estados Unidos y Canadá hizo que migrar a estos países desarrollados sea una opción indiscutible, sobre todo después de la crisis económica de 1994, denominada “Efecto Tequila” o “Error de diciembre” por el ex presidente Carlos Salinas.
Bajo estas condiciones, muy pocos profesionales pensaron dos veces el migrar a Estados Unidos y Europa, pero una década después el panorama es distinto. El l 9 de Agosto de 2007 en pleno Wall Street se desató la crisis de las hipotecas subprime que dio paso a la tan sonada quiebra de, la principal compañía global de servicios financieros, Lehman Broothers y posteriormente a la pre crisis del 2007, la crisis del 2008 y la recesión del 2009. Tanto el sistema financiero estadounidense como el mundial se contrajo a principios del 2008, como abrebocas a una serie de desastres económicos internacionales sin precedentes, entre esos el crecimiento del desempleo en Estados Unidos donde más de 10 millones de personas perdieron su empleo y en España donde un 30 % de la fuerza laboral activa entro al paro.
Ahora, los estudios de economistas anglosajones dictan que la crisis económica mundial y el colapso de los sólidos sistemas de los países desarrollados se deben sobre todo a las alzas de los precios en las materias primas, la crisis alimentaria mundial y la elevada inflación planetaria. En ese horizonte, de crisis y mas crisis, se encontraron los talentos latinoamericanos en los países desarrollados; terriblemente afectados por las condiciones extremas en las que empezaron a vivir como estar desempleados o perder la casa y los autos, la posibilidad de retornar a sus países de origen o de migrar a otros países dentro de la región no fue propiamente descabellada.
Ciertamente la crisis económica trastornó al mundo entero, aunque las esperanzas del verdadero porvenir latinoamericano alzaron su bandera, atrayendo la inversión como nunca antes a la región. Perú, Chile y Uruguay conformaron tratados de libre comercio, emprendieron programas de comercio internacional como el Teletrabajo y se confinaron a urbanizar y desarrollar los focos de turismo. La corriente inversionista que colocó a Chile en la cima de los destinatarios de inversión foránea garantizó la creación de quinientas mil plazas de trabajo, dejando la cifra de desocupados al tercer trimestre del 2009 de 709. Proyectos como la investigación espacial y tecnológica del gobierno de Michelle Bachelet han cautivado centenares de cerebros, en cuyo equipaje se encuentran posgrados de las más prestigiosas universidades británicas, francesas y norteamericanas. Por su parte Uruguay a través de zonas francas y zonas dedicadas únicamente a la innovación y la tecnología atrajo a profesionales del campo de la informática, consolidándose así como el Taiwán de América Latina y amalgamando su fuerza en el Mercosur que lo nutre de jugosos convenios en temas científicos con sus gigantes vecinos: Argentina y Brasil.
El interese de los inversionistas en América Latina y el de los talentos por volver a la región, no solo lo despiertan los mercados atractivos si no también la fiebre petrolera en México y Brasil. Las investigaciones realizadas en el atlántico brasileño arrojaron el sorprendente resultado de que existen 15 mil millones de barriles en las diferentes áreas del llamado escondite presalino. Ante tan arrolladora cantidad el gobierno de Brasil exclamo “Tenemos pruebas de que Dios es brasileño”. El país más grande de América Latina y a la vez el que mayor cantidad de pobres posee pasó, de la noche a la mañana, a ser el hermano rico de la región y con dinero suficiente como para invertir en programas de desarrollo y para crear una empresa estatal petrolera competitiva y hegemónica internacionalmente. Para todos estos planes que incluyen un Mundial de Futbol y unos Juegos Olímpicos la mano de obra calificada deberá crecer, un espacio que ya están llenando talentos latinos que solían amar el paisaje de Miami y ahora prefieren ver sus departamentos en Copacabana o moverse en Helicóptero por Sao Pablo.
México es el otro titán del petróleo, encontró 139 mil millones de barriles de petróleo en la zona de Chicontepec, un yacimiento histórico para el país pero que no podrá ser explotado en el presente. Por ahora las inversiones y el petróleo se funden en un crisol muy frágil, el narcotráfico, la inseguridad y la violencia en general son factores determinantes para el enfrascamiento de la siempre más poderosa nación latinoamericana. Su protagonismo en el retorno de los talentos a la región, curiosamente no tuvo casi nada que ver con el país del norte sino con España, pues una gran cantidad de profesionales que vivían en ese país europeo perdieron su empleo y volvieron al país azteca, sobre todo a ubicarse en los polos de atracción de la nueva década como Guadalajara y la Riviera Maya.
En definitiva el fenómeno se dará a la inversa, los talentos retornaran a la región aunque existen varias especulaciones sobre una segunda oleada de cerebros que migren esta vez hacia Asia y Europa Oriental. El retorno no está siendo tan visible como la partida de la mano de obra calificada, pues las pocas políticas existentes sobre la materia se refunden en medio de una discusión sobre la “revinculacion” o la readecuación. Y si bien es cierto que los gobiernos podrían estimular la tendencia del retorno, también es cierto que dicho emprendimiento generaría efectos colaterales como el dejar de recibir enormes cantidades de dinero en divisas o subir las tasas de desempleo.
Los que sí han reaccionado oportunamente ante esta situación han sido los empresarios y uno que otro funcionario de gobierno, quienes con el propósito de desarrollar proyectos de emprendimiento y progreso en la región están instando a los cerebros a trabajar por América Latina, para esto crearon planes de estímulos que van desde mejor ambiente laboral hasta becas para doctorado. Los dos proyectos más significativos son el plan Delfín de la Universidad Autónoma de México que junto al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de México desean multiplicar el número de científicos del país, trabajando para el país o en cooperación con otras naciones, tal es el caso del astronauta José Hernández. Y el segundo proyecto, que sobresale por sus números, son las becas de COLFUTURO en las que se otorgan anualmente 50 millones de dólares, para que colombianos estudien una maestría o un doctorado y posteriormente trabajen en proyectos de fomento tecnológico o de investigación en el país.
Las trabas, que ostentan los países con menos recursos para mejorar su situación técnica y para implementar políticas de desarrollo competentes son complejas y abundantes. Una de estas es sin duda la perdida de los profesionales que con esfuerzo el sistema preparó y la poca o nula capacidad de reintegrarlos al aparato económico, una vez que estos retornan. El futuro nos permite divisar una región más conglomerada, independiente de los movimientos y principios de los países desarrollados, y prospera en donde coexistirán grandes barrios precarios y fascinantes locaciones empresariales, para alojar los sueños de los talentos que están retornando a la región.